Entre el fuego y la oscuridad
La pasión y melancolía del piano
Soler, Brahms, Berg

Concierto / 22 de febrero de 2020
Entre el fuego y la oscuridad La pasión y melancolía del piano Soler, Brahms, Berg
Recital ofrecido por los pianistas del Real Conservatorio Superior de Música de Madrid, Oleksandra Totkalova y José Ramón Gómez Ávila, dentro de la programación musical conjunta del Conservatorio y la Academia.

Pianistas

I
Oleksandra Totkalova
Profesora, Elena Orobio
 
II
José Ramón Gómez Ávila
Profesora, Mariana Gurkova
 
 

Programa

I
Antonio Soler (1729-1783)
Sonata en Re bemol mayor, R. 8
 
Johannes Brahms (1833-1897)
Sonata para piano en Do mayor, Op. 1
  1. Allegro 
  2. Andante (nach einem altdeutschen Minneliede)
  3. Allegro molto e con fuoco - Più mosso 
  4. Allegro con fuoco - Presto non troppo ed agitato 
 
 
II
Alban Berg (1885-1935)
Sonata para piano, Op. 1
 
Johannes Brahms (1833-1897)
Siete fantasías para piano, Op. 116
  1. Capriccio en Re menor
  2. Intermezzo en La menor
  3. Capriccio en Sol menor
  4. Intermezzo en Mi mayor
  5. Intermezzo en Mi menor
  6. Intermezzo en Mi mayor
  7. Capriccio en Re menor
 
 
Maestro de capilla y organista del Escorial, el padre Antonio Soler (1729-1783) se consagró a la música religiosa, al órgano y al clave. Sus sonatas para tecla son obras muy seductoras organizadas en varios movimientos dentro de la misma tonalidad, lo que hace pensar en la suite. Su lenguaje es esencialmente español y las repeticiones de notas de las que están sembradas sus sonatas son procedimientos típicos de la vihuela. Todavía vivo en el momento de la aparición de los primeros pianofortes, compuso para el clavecín, aunque debió conocer los dos instrumentos. De hecho, emplea con frecuencia giros más propios del primero que del segundo. Su escritura armónica, que puede parecer menos audaz que la de Scarlatti, es sin embargo más interesante. Se ve que es la obra de un gran teórico de la armonía, lo que hace que algunas de las modulaciones utilizadas por Soler sean a veces realmente asombrosas. La Sonata en Re bemol mayor, R. 88 es una obra virtuosística con un amplio registro y mo­delos idiomáticos de octavas partidas y notas repetidas.

Al mismo tiempo que se afirma como el heredero de Beethoven, Johannes Brahms (1833-1897) muestra en sus tres sonatas para piano, compuestas entre 1851 y 1854, una originalidad absoluta. A los veinte años ataca este género monumental, le marca con su garra y deliberadamente le abandonará para siempre. Las tres sonatas manifiestan una afinidad con el género sinfónico y ésta es una de las cosas que asombran a Schumann cuando las conoce en 1853. En el famoso artículo que publica entonces en la Nueva Revista Musical Schumann escribe: “Transforma el piano en una orquesta de voces unas veces exultante y otras gemebundas”. La Sonata para piano en Do mayor, Op. 1 de Brahms fue escrita durante el invierno de 1851 a 1852. El tema del Allegro inicial tiene un cierto parentesco con la sonata Hammerklavier de Beethoven. El Andante evoca un coro dialogado sin palabras, seguido de tres variaciones. El Scherzo vuelve a encontrar la fogosidad y la potencia a partir del tema sacado de la cadencia del movimiento previo. El final es una cabalgada por los bosques alemanes inspirada en un poema de Robert Burns.

La Sonata para piano, Op. 1 de Alban Berg (1885-1935) puede ser considerada como la primera obra para piano de la Escuela de Viena. Fue escrita durante los años 1907-1908 y publicada por cuenta del autor en Berlín, en 1910. Está escrita en un solo movimiento por consejo de Schönberg. Firmemente construida y articulada, es de una notable economía temática. Pero el clima emocional es otra cosa: el cromatismo, que se yuxtapone a un diatonismo por tonos enteros, introduce una tensión que se exacerba progresivamente y solo es reabsorbida al final, después de una explosión completamente dramática en el centro. En medio de los rigores de su arquitectura se expresa una sensibilidad apasionada y todos los excesos del delirio romántico. La tonalidad, si menos, es solo oficial y no se define claramente hasta después de los primeros compases, así como en los finales.

Las Siete fantasías para piano, Op. 116 de Brahms fueron compuestas en 1892 con predominio de las tonalidades menores. Menos virtuoso que Liszt, más próximo a Mendelssohn, su estilo pianístico fue extraño a la tradición ideal de Mozart y Chopin. Su escritura procede a la vez de Bach, de Beethoven, de Mendelssohn y de Schumann por sus sonoridades llenas, amplias y extensas, muy compactas, que raramente disocian lo horizontal y lo vertical. Un día que Brahms tocaba el piano en casa de los Schumann, Clara entró en la habitación y preguntó: “¿quién estaba tocando aquí el piano a cuatro manos?”. La obra para piano de Brahms comprende unas cincuenta piezas repartidas entre los años 1851 y 1893. Pueden distinguirse tres periodos creativos. El primero, llamado “sinfónico”, está comprendido entre los años 1851 y 1854. El segundo, llamado “virtuosístico” corresponde a los años 1860. El tercero, “contemplativo”, engloba las obras de los últimos años. Las veinte piezas (opus 116 a 119) compuestas durante las vacaciones del verano de 1892 y 1893 en Ischl constituyen el testamento pianístico de Brahms. Son páginas del diario íntimo de un hombre que, según su propia confesión, “no reía nunca para sí mismo”. Clara Schumann veía en ellas un tesoro de obras maestras inagotables. Sus fantasías Opus 116 alternan encanto, fogosidad, angustia, serenidad, ensueño y misterio. El mismo autor las denomina “canciones de cuna de mi sufrimiento”.

François-René Tranchefort (dir.), Guía de la música de piano y de clavecín
 

Oleksandra Totkalova

José Ramón Gómez Ávila

 

Información

  • Salón de actos
  • Sábado 22 de febrero, 12:00 horas
  • Entrada gratuita. Aforo limitado

Organizan