Orquesta Barroca RCSMM
Corelli, Vivaldi, Telemann, Haendel

Concierto / 2 de diciembre de 2017

Este concierto de la Orquesta Barroca del Real Conservatorio Superior de Música de Madrid inicia la temporada 2017-18 de la programación musical conjunta de la Real Academia y el Conservatorio. 

Programa

Arcangelo Corelli (1653-1713). Concerto Grosso, en Re mayor, op. 6 nº 4

  1. Adagio-Allegro / Adagio / Vivace / Allegro

Antonio Vivaldi (1678-1741). Concierto para violonchelo y cuerdas, en La menor, RV 418

  1. Allegro / [Largo] / Allegro
  2. [Macarena Sánchez, violonchelo barroco]

Georg Philipp Telemann (1681-1767). Concierto, en La mayor, TW 53, A2

  1. Largo / Allegro / Gratioso / Allegro
  2. [Liza Patrón, traverso barroco]
  3. [Belén Sancho, violín barroco]
  4. [Ismael Campanero, violone]

Georg Friedrich Haendel (1685-1759). Concerto Grosso, en Fa mayor, op. 6 nº 2, HWV 320

  1. Andante Larghetto / Allegro / Largo / Allegro ma non troppo

 

El Real Conservatorio Superior de Música de Madrid posee entre sus activos más importantes una serie de agrupaciones instrumentales. Una de ellas, la Orquesta Barroca, está formada por la casi totalidad de los alumnos del Departamento de Música Antigua y cuenta con la colaboración de alumnos de otros itinerarios con experiencia en instrumentos históricos, así como de ex-alumnos y colaboradores externos especializados que permiten acercarse al repertorio con interpretaciones históricamente informadas como la de este programa, dedicado casi monográficamente a uno de sus máximos exponentes formales. 

El “concierto barroco” nace como una discusión de ideas, una divergencia de opiniones, una duda o un apunte en la mesa a ser contrastado o apelado por el resto de comensales, que –tras haber recorrido las claves de lo expuesto, los temas importantes, los desarrollos, los detalles- llegarán a acuerdo, a una puesta en común de lo que cada uno sabría aportar. Ésta es la esencia del discurso musical del concierto con la que entender, de una manera directa, el planteamiento inicial de cada obra del programa. Y también el hilo que las une, pues ya sea ese diálogo entre el bloque orquestal o ripieno y el grupo solista o concertino, como es el caso del concerto grosso (Corelli y Haendel), ya sea un más complejo concierto a tres (Telemann) o un “visionario” concierto para solista (Vivaldi), en el que el instrumento que confronta a la orquesta adquiere una entidad superior –papel que se verá refrendado en los siglos subsiguientes-, el marco del lenguaje se mantiene. 

Es probable que fuera Giuseppe Torelli el que diera nombre a esta forma de organizar la composición instrumental con su obra Concerto da Camera publicada en 1686, pero fue sin duda Arcangelo Corelli –afamado compositor cuyas piezas fueron las más editadas de la época, trascendiendo con mucho a su propio tiempo- el que, con su último opus (el nº 6, publicado post mortem en 1714), daría punto de partida al “concierto” con sus concerti grossi. De influencia fuerte y directa para las siguientes generaciones de autores y, por extensión, con un impacto histórico, Corelli añadía así otro hito a la lista junto a otros “pequeños” logros por los que ha sido ampliamente reconocido, como el establecimiento de la tonalidad y la armonía funcional, o la prevalencia del violín sobre la familia de la viola. En el nº 4 en Re mayor (el único con forma de sonata da chiesa) llevó el género, como todo lo que cultivó –concerto grosso, la sonata en trío y a solo-, a la más apolínea perfección. El equilibrio, el buen gusto, la técnica compositiva más depurada, un sencillo pero riguroso contrapunto imitativo, una diáfana línea melódica, una verticalidad armónica cristalina... grácil juego de quien se mueve fresco en el asentamiento del nuevo sistema musical. Jamás un gesto innecesario o un capricho virtuoso ajeno a la propia esencia de la música.

La deuda estilística de Antonio Vivaldi con Corelli se ve reflejada en muchas de sus obras, probablemente transmitidas por la primera y pronta generación de “imitadores” venecianos de Corelli como Gentilli, Ruggieri y Albinoni. En las doce sonatas a trío del opus nº 1 de 1705, (Dodici suonate da camera a tré), Vivaldi rinde homenaje a Corelli culminando la serie con unas variaciones sobre el popular tema de La Follia, de la misma forma que lo hiciera muy poco antes su predecesor en 1700 con la famosa opus nº 5. Sin embargo, Vivaldi despuntó especialmente en sus conciertos para solista. Trabajando como maestro en el Ospedale della Pietà de Venecia, institución que servía de orfanato y escuela de música al mismo tiempo, el “el cura rojo” –así apodado por ser efectivamente sacerdote y pelirrojo- compuso la mayor parte de sus obras importantes. Entre estas composiciones era normal contar con muchos conciertos dedicados al despliegue más virtuoso del instrumento ya que, como maestro de música, la labor de Vivaldi había de servir como impulso para el reconocimiento de los huérfanos que allí se educaban, así como para dar lustre a la orquesta y coro formada por los alumnos más aventajados. Como observamos en el Concerto para cello en La menor RV 418 –compuesto casi con seguridad antes de 1724- la forma en la que el solista y la orquesta entablan su conversación es mucho más personal e inteligente. Se intensifica el valor del diálogo por el espacio concedido al habla tanto del protagonista (evidente foco de atención, más narrativo) como del resto de la orquesta que presenta, añade, contesta o refuerza, todo mediante un magistral control de los diferentes registros del soli y el tutti. 

Georg Philipp Telemann, además de un músico polifacético y genial, pasa por ser uno de los compositores más prolíficos de la historia, con más de tres mil obras en su catálogo. Su talento, su inusitada profundidad, su simpatía y su espíritu emprendedor hicieron de él un hombre respetado y popular comparado a menudo con Haendel o con Bach, apadrinando incluso a Carl Philipp Emanuel, uno de los vástagos del Kantor. Sin perder la estela o el manto de influencia de Corelli, Telemann publica sus seis Sonatas Corellisantes (dentro de las TW 42) claramente imbuidas por el estilo y forma del maestro italiano tan sólo dos años después del concierto de este programa, publicado en 1733. Es una colección titulada Tafelmusik (literalmente, música de mesa / de banquete), en la que Telemann incluía el Concierto para flauta, violín y cello en La mayor, TW 53, A2, probablemente para ser interpretado por alguno de los Collegium Musicum que dirigía en la ciudad de Hamburgo por entonces. Es tal la diversidad de aproximaciones que resulta prácticamente inútil tratar de reducir a un ejemplo o dos las posibles formas que toman sus conciertos. En el Concierto en La mayor, TW 53, A2, la textura orquestal del tutti parece fusionarse a la manera del concerto grosso, en donde el bloque completo es requerido para refrendar e intensificar la acción que se lleva a cabo casi en exclusividad por los solistas. Sin embargo, aquí reciben un tratamiento idiomático cada vez más cuidado, en el que las características y timbres del instrumento se ven aprovechadas a la hora de separar y clarificar cada voz, además de ubicarlas para reforzarse en conjunto.

Georg Friedrich Haendel, compositor alemán, desarrolló la mayor parte de su carrera en Londres. Allí fue absolutamente reconocido por sus óperas, oratorios e himnos, además de haber sido considerado como digno sucesor del aclamado Henry Purcell. Además, fue uno de los principales exponentes del género del “concierto” fuera de Italia, tomando el modelo de Corelli para sus doce Concerti Grossi opus nº 6, pero que también expande hacia los más diversos estilos, por momentos incluso con tintes experimentales. El op. 6 nº 2 se relaciona especialmente con el nº 4 de Corelli, puesto que su forma recuerda sin duda a la sonata da chiesa en cuatro movimientos, lo que es una excepción en ambas colecciones. Probablemente debido a la calidad de los músicos de que disponía –no hay que olvidar que hacia 1740 competía económicamente desde su propia compañía musical con la Opera of the Nobility, y eso le exigía el nivel más alto- y a lo esmerado de su composición, no quedan tan claros aquí los límites entre el ripieno y el concertino. Manteniendo el contrapunto a tres, base de todo concerto grosso, teje aquí un entramado más fino en el cual la presencia o ausencia de la orquesta no queda ya reducida a la idea del bloque para el contraste dinámico. Cada elemento apoya o contrasta las ideas principales con toda suerte de combinaciones. Es una conversación activa en la que todos los elementos participan con un cierto grado de importancia al devenir de los acontecimientos, equilibrando con un alto dominio técnico y sensibilidad el discurso musical. 

El programa celebra, así, una magnífica muestra del repertorio orquestal barroco que, además de transitar composiciones excelsas creadas por autores que poseían las más increíbles habilidades musicales de su tiempo, son también obras repletas de afectos, sensaciones y emociones con los que la orquesta se imbuye, se observa, se escucha, respira como un sólo ser para poder, por fin, llevar al público desde los olores más sutiles a los colores más intensos. Un recorrido instructivo y bien hilado por la Orquesta Barroca del Real Conservatorio Superior de Música de Madrid y por los solistas Macarena Sánchez, Teresa Muñoz, Amaya Figueredo, Juan Ignacio López, Liza Patrón, Belén Sancho, Ismael Campanero y Sara Vicioso, guiados por el director y clavecinista Alberto Martínez Molina.

Pablo Sáinz de Robles

 

Orquesta Barroca del Real Conservatorio Superior de Música de Madrid

 

Macarena Sánchez, violonchelo barroco

Liza Patrón, traverso barroco

Belén Sancho, violín barroco

Ismael Campanero, violone

 

Información

  • Salón de actos
  • Sábado 2 de diciembre, 12:00 horas
  • Entrada gratuita. Aforo limitado
  • Acceso por orden de llegada. Se recomienda acudir con suficiente antelación 

Organizadores