Academia

El arquitecto Oscar Tusquets nombrado académico honorario de la corporación

19 de octubre de 2026

La Real Academia de Bellas Artes de San Fernando nombra a Oscar Tusquets académico honorario por la sección de Arquitectura. La candidatura fue propuesta por el escultor Juan Bordes y los arquitectos Ángela García de Paredes y Fernando-Galiano. La laudatio, pronunciada por éste, ensalzó la singularidad multidisciplinar de Tusquets, artista integral y fundamental en el panorama cultural contemporáneo del país.

Oscar Tusquets (Barcelona, 1941) ha desarrollado una carrera marcada por la creatividad, la experimentación y una personalidad inconformista. Formado como arquitecto, inició una estrecha colaboración con Lluís Clotet, con quien impulsó proyectos emblemáticos y fundó Studio PER. En 1972 participó en la creación de BD Barcelona Design, empresa de diseño desde la que desarrolló piezas reconocidas internacionalmente, como la tetera Oronda y la serie Varius.

Su actividad abarca también el ámbito editorial, con las editoriales Lumen y Tusquets, y una extensa producción pictórica vinculada a Salvador Dalí y Antonio López. Entre sus principales obras arquitectónicas destacan el auditorio Alfredo Kraus de Las Palmas, la intervención en el Palau de la Música Catalana y la estación Toledo del metro de Nápoles.

En los últimos años, Tusquets ha intensificado su producción literaria y ha protagonizado el documental Dios lo ve, estrenado en 2025.

Luis Fernández-Galiano reivindicó la figura de Tusquets como creador poliédrico capaz de integrar arquitectura, diseño, pintura y escritura en una trayectoria de proyección internacional que ha desbordado las fronteras convencionales entre disciplinas artísticas.

El joven Oscar Tusquets quería ser pintor, y acabó compartiendo su vocación con la arquitectura, el diseño y la escritura; cuatro campos en los que su ambición torrencial desbordó siempre los límites estrechos de la convención. Ha sido figurativo en tiempo de abstracciones, posmoderno frente a la modernidad canónica, intuitivo ante la racionalidad metódica y deslenguado cuando regía la cautela. Nacido en Barcelona en 1941, su impaciencia inquieta se templó con la educación exigente del Colegio Alemán y la práctica artística de la Escuela de la Lonja, y sería su destreza en el dibujo la que le facilitaría su tránsito por la Escuela de Arquitectura, donde admiró la elegancia cosmopolita de Federico Correa y trabó una amistad con Lluís Clotet que duraría toda la vida. Juntos trabajarían, todavía estudiantes, en la oficina de Correa y Milá; juntos fundarían, con Cristian Cirici y Pep Bonet, Studio PER; y juntos abordarían en 1966 el proyecto de la Casa Fullá, una ópera prima de sofisticada complejidad que habitaría la misma tropa creativa que años después reuniría el Walden 7 de su amigo Ricardo Bofill. Así iniciaron Oscar y Lluís una colaboración que se extendería durante veinte años.

Fruto feliz de ese trabajo compartido serían el clasicismo juguetón del Belvedere Georgina y el clasicismo lacónico de la casa en Pantelleria, dos diminutas obras maestras que coincidirían en 1972 con la fundación de BD, una empresa de diseño donde produciría objetos tan inesperados como el banco Catalano, y que está en el origen de trabajos posteriores de Tusquets como la exquisita tetera Oronda para Alessi o la espectacularmente popular serie Varius para CASAS. Por entonces Oscar había iniciado ya su extensa trayectoria en el mundo editorial: a partir de 1960 remodeló la editorial Lumen —que su padre Magín había adquirido a su hermano, el monseñor antimasón Juan Tusquets, y cedió después a su hija Esther, quien la dirigiría durante cuarenta años— y en 1969 fundó, con su primera esposa Beatriz de Moura, la editorial Tusquets, tan exitosa como Lumen en la creación de un excepcional catálogo. Alrededor de 1975 se inicia también su larga relación con Salvador Dalí, y su dedicación más intensa a la pintura, con una producción caudalosa de paisajes urbanos, interiores domésticos y retratos que le llevarían a establecer una estrecha amistad con Antonio López.

Más allá del diseño, los libros y la pintura, el despacho de arquitectura seguría siendo su centro profesional, y tras la prematura muerte de su segunda esposa Anna Bohigas en 1984, Oscar se dotó de un socio con habilidades gerenciales, Carlos Díaz, y con él abordó proyectos en España —con casas señoriales como la de Somasaguas, que explora un clasicismo atlántico deudor de Lutyens, o la de Son Blau en Menorca, que declina un clasicismo mediterráneo— y también con encargos internacionales como los realizados en los conjuntos del parque parisino de La Villette y de la exposición japonesa de Fukuoka: una proyección del estudio que le valdría en 1991 ser el primer español celebrado con una monografía en AV — tras las de Renzo Piano y Frank Gehry el año anterior— y que en 1992 culminaría con la terminación de su casa-oficina-museo, Villa Andrea, un cubo de inspiración pompeyana en el centro de un jardín clasicista en el barcelonés barrio de Pedralbes, y cuyo nombre remite tanto a Andrea Palladio como a la hija de su esposa entonces, la chef del restaurante Azulete Victoria Roqué, para la que también diseñaría numerosas cuberterías y vajillas.

Azulete, cuya cubierta acristalada había realizado Tusquets en 1983, fue por cierto demolido en 1990 por el promotor José Luis Núñez, provocando la ruptura de su relación con el arquitecto, que a partir de entonces se alejaría de ese entorno comercial y dedicaría lo mejor de su atención a encargos públicos. Ingresaría en el siglo XXI con una nueva pareja, la fotógrafa Eva Blanch —que en 2004 le daría dos hijos, los mellizos Valeria y Luca—, y llevaría a término tres grandes obras: el auditorio Alfredo Kraus en Las Palmas en el año 2000, el Palau de la Música Catalana en 2004 —un edificio mítico al que dedicó veinte años de su vida para hacer que su intervención se diluyese y confundiese con la de Lluís Domènech i Montaner, y en la que se benefició, como en Las Palmas, de la sabiduría del físico acústico Lothar Cremer—, y la estación Toledo del metro de Nápoles en 2012, un abismo piranesiano y luminoso en el que colaboraron Bob Wilson y William Kentridge, y que deslumbra con su vertiginosa belleza vibrante.

En su última etapa, Oscar Tusquets ha acelerado la producción literaria que inició en 1994 con Más que discutible, publicado en la editorial de su nombre, y seguido por una secuencia de libros aparecidos en Anagrama o Acantilado a los que ha acompañado el éxito de crítica y de público. Y como colofón de su trayectoria ha protagonizado un documental estrenado en 2025 bajo el título de un volumen del año 2000, Dios lo ve, donde a través de medios audiovisuales se expresa elocuentemente su condición impaciente, que a sus ochenta y cinco años no renuncia a seguir importunando y fascinando.

Arquitecto, diseñador, pintor y escritor, no puedo pensar en un candidato mejor para convertirse en académico honorario de la sección de Arquitectura, un reconocimiento singular que en este momento solo tiene Santiago Calatrava, otra figura poliédrica en su triple condición de arquitecto, ingeniero y escultor, y espero que el Pleno de la próxima semana rubrique esta feliz incorporación a la Academia.

Luis Fernández-Galiano

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