Academia

Bellezas del mundo flotante

Bijin-ga en la edad de oro del ukiyo-e
Colección Pasamar-Onila

La Colección Pasamar-Onila es única y singular en el panorama de las colecciones de grabado japonés en España por la calidad y diversidad de sus estampas del género bijin-ga, ‘imágenes de mujeres bellas’. En paralelo a la iconografía de actores de kabuki, la representación de la mujer, bijin, fue el género más popular del ukiyo-e. La exposición reúne una elaborada síntesis de manifestaciones de bijin-ga en los maestros clásicos de la edad de oro del grabado japonés, entre el último tercio del siglo XVIII y la primera mitad del XIX. Además de preciosas estampas en formato ōban, el más común de la época, también se exhibe un grupo de insólitas hashira-e, ‘imágenes de pilar o columna’, dípticos verticales o kakemonos, sofisticados trípticos y un excepcional políptico de seis hojas, además de un admirable conjunto temático.

La exposición Bellezas del mundo flotante, concebida por la Calcografía Nacional, ha sido organizada conjuntamente por la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando y el Ayuntamiento de Madrid, con la colaboración de la Diputación Provincial de Zaragoza.

Las sugerentes creaciones visuales del ‘mundo flotante’ conforman el episodio más genuino del arte gráfico japonés. Su seducción trascendió las fronteras de la cultura nipona para instalarse en el imaginario colectivo de Occidente, a lo que contribuyó el interés que desde mediados del siglo XIX mostraron los impresionistas franceses, entusiastas coleccionistas de estampas, un interés acorde con su perseverante experimentación de los efectos de la luz en el ámbito de la representación. El vivo colorido de la estampa japonesa cautivó por su luminosidad, sensualidad y elegancia.

Aunque en el momento de plenitud de la antigua capital Heian-kyō, actual Kioto, circularon sobresalientes propuestas de ukiyo-e, fue a partir del establecimiento de la capital del sogunado Tokugawa en Edo, hoy Tokio, cuando las ‘imágenes del mundo flotante’ alcanzaron su máximo esplendor. Durante el período Edo (1615-1868), el fenómeno se desarrolló en las ciudades, particularmente en la capital, centro neurálgico de la producción y distribución de arte gráfico, impulsado por las prósperas clases comerciante y artesana en un contexto de creciente alfabetización, cuya demanda satisficieron audaces editores que competían resueltamente por ofrecer los mejores y más bellos testimonios de estampas y libros ilustrados.

La esencia del ukiyo-e giró en torno al ideal de sofisticación, iki, como modelo de comportamiento y expresión formal. Desde esa construcción teórica, las escenas y sus protagonistas, así como las propias estructuras compositivas, responden a una concepción idealizada de lo real que se traduce en el empleo de estereotipos y sistemas de representación canónicos.

En el género bijin-ga las imágenes remiten preferentemente a las cortesanas de alto rango de los barrios del placer, en particular las oiran del distrito de Yoshiwara en Edo, representadas solas o en compañía de sus jóvenes kamuro. Ahora bien, los artistas ukiyo-e no sólo prestaron atención a las refinadas geishas de Yoshiwara, además, apreciaron la belleza femenina en las escenas de género, captando la dignidad de la mujer ocupada en sus actividades cotidianas o en la privacidad de su hogar, leyendo o escribiendo poesía, y también viajando por los lugares famosos de Edo, el monte Fuji, el río Sumida, la isla Enoshima… Un mundo de sutil belleza y elegancia, la sublimación de lo efímero, cuya culminación fue el radical hedonismo manifiesto en las escenas sexualmente explícitas del género shunga, literalmente ‘imágenes de primavera’. Esta especialidad la trataron todos los grandes maestros del ukiyo-e, como corroboran las excepcionales estampas eróticas de la Colección Pasamar-Onila. Debido a su elevado precio, las obras shunga se alquilaban, además de venderse, y fueron un selecto regalo, pues eran tenidas por obsequios de buen augurio. Los editores y libreros ganaron fortunas con su comercio en tiradas de decenas de miles de ejemplares. Aparte de la mayoritaria clientela masculina, está también documentado su consumo por mujeres y, de hecho, la protagonista de una de las estampas de la exposición, Bellezas chinas en un banquete (1790) de Utamaro, se recrea contemplando una escena de shunga. Pese a la construcción estereotipada de las bijin, el estudio de sus actitudes y, especialmente, de sus atuendos constituye una interesante fuente de información visual para documentar los hábitos de sociabilidad y los cambios en la moda.

Técnicamente, estas exquisitas expresiones de arte fueron realizadas por expertos artífices que cortaban tacos con cuchillas o gubias aplicando el procedimiento del grabado en madera al hilo. La identidad de muchos de aquellos virtuosos grabadores quedó oculta bajo la sombra y el inmenso prestigio de los maestros creadores de imágenes, cuyas composiciones luego transferían al taco los entalladores. A partir de la década de 1760 se impuso una modalidad genuina de estampación a color con varios tacos grabados, nishiki-e. Este método, del que nacían estampas elaboradas a base de colores planos perfilados con dibujos de línea gruesa, fue aumentando progresivamente su complejidad, en un alarde sensacional de virtuosismo técnico. Los artistas buscaron la variación tonal mediante la gradación de colores, bokashi, y la incorporación de efectos volumétricos en el papel como resultado de estampar en seco detalles escogidos.

Bellezas del mundo flotante reúne setenta y siete obras de los maestros clásicos de la edad de oro del grabado japonés, entre el tercio final del siglo XVIII y la primera mitad del XIX. El punto de partida son cinco estampas de Suzuki Harunobu (1724-1770) impulsor de la técnica nishiki-e para crear composiciones en policromía con las que superar la práctica de iluminar a mano los diseños monocromos. La languidez formal de Harunobu fue asimilada por las delicadas figuras de Isoda Koryūsai (1735-1790), luego impugnada con la corpulencia femenina de las representaciones de Torii Kiyonaga (1752-1815), hijo de un vendedor de libros, y el estilo preciosista de Kitao Masanobu (1761-1816), pseudónimo del afamado poeta y dramaturgo Santō Kyōden.

Notables e inusuales estampas, entre ellas las insólitas hashira-e, ‘imagen de pilar o columna’, creadas por Koryūsai, Kiyonaga, Katsukawa Shunchō (c. 1750-1821), Katsukawa Shun’ei (1762-1819), Tamagawa Shūchō (activo entre 1789 y 1804) y Utagawa Kuninao (1793-1854), dan continuidad a la exposición y certifican la exigencia de Víctor Pasamar para formar una colección atendiendo a la búsqueda de piezas de gran rareza, teniendo en cuenta la dificultad para hallar hashira-e por ser escasas las que han pervivido en un aceptable estado de conservación debido a su función y uso en espacios exteriores.

Entre todos los artistas japoneses que cultivaron la especialidad bijin-ga, un salto cualitativo de gran repercusión fue protagonizado por el más influyente de los maestros y el de mayor fortuna crítica en Europa durante la expansión del japonismo, Kitagawa Utamaro (c. 1753-1806). El estilo propio de Utamaro capta los delicados matices de los estados emocionales concentrando la expresión facial de la belleza femenina en retratos de busto, ōkubi-e. La Colección Pasamar-Onila tiene uno de sus puntos fuertes en las composiciones de Utamaro, lo que da testimonio de la pasión del coleccionista por su obra. La exposición incluye nueve estampas de la mejor época del maestro desde su esplendor en los ochenta y noventa hasta los albores de su muerte. Destaca en concreto una soberbia escena de género resuelta en forma de tríptico, Pesca en Iwaya, en la isla de Enoshima, de hacia 1790. La secuela de Utamaro puede seguirse en dos hojas de un tríptico de Kitagawa Tsukimaro (c. 1794-1836), donde destaca la formidable silueta del monte Fuji, y particularmente en dos estampas de Kitagawa Utamaro II (1789-1830) que representan a cortesanas acompañadas por sus sirvientas y adornadas con impresionantes arreglos en moños de más de diez agujas.

La tendencia hacia la ostentación del adorno externo, exacerbando la acumulación y el atrevimiento en la apariencia con kimonos sobrecargados y tocados imposibles, iniciada por los discípulos directos de Utamaro, dejó una profunda huella en las inmediatas escuelas de artistas. Alcanzó cotas sin precedentes en las bijin de Kikugawa Eizan (1787-1867) y de su seguidor, Keisai Eisen (1790-1848), descendiente de una casta samurái. Las cuatro estampas de sus respectivas autorías ejemplifican bien la duradera secuela del refinamiento de Utamaro y, simultáneamente, la pulsión al exceso ornamental de las vestimentas y al amaneramiento del estilo cuando se superó el primer cuarto del siglo XIX.

Ninguna escuela de ukiyo-e alcanzó las dimensiones ni pudo equiparse en términos productivos a la Utagawa, cuyas imágenes llenaron el panorama del arte gráfico japonés en la etapa final del período Edo. La hegemonía de la escuela durante el siglo XIX se explica en gran medida por sus numerosas ramificaciones y por la transmisión de conocimientos a lo largo de generaciones sucesivas de maestros de maestros: Toyohiro tuvo como discípulo a Hiroshige, y Toyokuni a Kuniyoshi y Kunisada, sin citar a muchos otros grandes artistas, incluidos sus respectivos discípulos. De Utagawa Hiroshige (1797-1858), el célebre cultivador del paisajismo japonés, se han escogido diez estampas reunidas en las series Imitaciones de cien poemas y Emparejamientos a lo largo de las cincuenta y tres estaciones del Tōkaidō. Otras diez obras llevan la firma de Utagawa Kuniyoshi (1798-1861), entre ellas tres valiosos trípticos en los que se manifiesta el progresivo agotamiento de las imágenes de cortesanas de los barrios del placer y una preferencia cada vez más acusada por los relatos sociales propios de la temática fūzoku-ga. Superando en fama a los dos anteriores, Utagawa Kunisada (1786-1865) fue uno de los más prolíficos maestros del ukiyo-e y del género bijin-ga. Antes de irrumpir la nueva sensibilidad de la era Meiji, Kunisada puso fin a la nómina de los grandes referentes de la estampa japonesa. Las composiciones con un número de hojas cada vez mayor, donde ocupan un estatus prevalente los trípticos o los dípticos verticales en formato kakemono, están muy presentes en Kunisada. De hecho, la exposición permite deleitarse con dos conjuntos suyos alusivos a una de las publicaciones imprescindibles de las letras niponas, Genji monogatari, ‘La historia del príncipe Genji’, considerada la primera novela de la literatura universal. Fue escrita en torno al año 1000 por una culta mujer de la corte imperial, Murasaki Shikibu (c. 978-1025), y constituyó una fuente iconográfica habitual del ukiyo-e. Así lo demuestra el tríptico realizado conjuntamente por Kunisada e Hiroshige, Recreación de ‘La historia de Genji’, el jardín de noche, de 1853, y el increíble políptico de seis hojas firmado en solitario por Kunisada, La casa de baños de Akashi, de 1847-1852, una obra monumental para cerrar la exposición.

Imágenes y fichas técnicas



La exposición Bellezas del mundo flotante ha sido subvencionada por la Dirección General de Bibliotecas, Archivos y Museos (Área de Gobierno de Cultura, Turismo y Deporte) del Ayuntamiento de Madrid con cargo a los presupuestos municipales del año 2026

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