Academia

La Academia recuerda al músico Ramón González de Amezúa

25 de octubre de 2015

Formado en los conservatorios de Madrid y París y doctorado en ingeniería industrial por la Escuela Superior de Madrid, Ramón González de Amezúa ocupó cargos relevantes en diferentes instituciones.

Desarrolló una extensa y continuada labor en el ámbito musical, y fundó una prestigiosa empresa de fabricación y restauración de órganos: Organería Española. Aunando técnica, sensibilidad y conocimiento, Organería Española creó importantes órganos, como los de la basílica de Lourdes, el Pilar de Zaragoza, la basílica del Escorial y el Teatro Real de Madrid. Organería Española fabricó más de cuatrocientos instrumentos, con destino diversos países de Europa, Norteamérica y Japón.

Ramón González de Amezúa publicó diversos trabajos de investigación que se han convertido en fuentes de referencia ineludibles sobre la historia del órgano español y la problemática contemporánea del mismo.

En su faceta de intérprete fueron numerosos los conciertos que ofreció en España y en el extranjero. Destacaron en su fructífera trayectoria sobresalientes interpretaciones de obras de Cabezón, Cabanilles o Aguilera de Heredia, y el estreno de obras como Pinturas negras, que le dedicó el compositor Cristóbal Halffter, o Itinerario del Éxtasis de Tomás Marco.

Su espíritu humanista, vitalidad y vocación de trabajo fueron reconocidos con diferentes nombramientos y condecoraciones, entre ellos, miembro de la Academia Europea de Ciencias y Artes, caballero de la Orden de Isabel la Católica, placa de Alfonso X el Sabio, medalla de oro de las Bellas Artes y Orden de la Stella della Solidarietá Italiana.

Formó parte de los patronatos del Instituto Cervantes, Fundación Banco Santander Central Hispano, Universidad Camilo José Cela y Fundación San Millán de la Cogolla, y fue miembro de Honor de la Fundación Amigos del Museo del Prado.

En 1970 ingresó como académico de número en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando con la lectura del discurso Perspectivas para la historia del órgano español, contestado por el musicólogo e historiador del arte Federico Sopeña. La aportación de Ramón González de Amezúa ha sido determinante para la modernización y dinamización de la Academia, constituyendo uno de los episodios más notables en la historia de la Corporación. Ejerció con extraordinaria eficacia durante casi dos décadas el cargo de Director (1991-2008) y, con anterioridad, había ocupado durante otros dos decenios las funciones de Tesorero. A sus acertadas gestiones e impulso renovador se debieron un incremento considerable de la superficie del edificio destinada a actividades culturales, la apertura y sucesivas ampliaciones del Museo –adecuando a la actualidad los criterios museológicos y museográficos- y el ensanche de la Academia a otras secciones artísticas como el cine, la fotografía o el diseño.

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