Academia

Alfonso Albacete ingresa en la Academia

12 de marzo de 2023

El pintor Alfonso Albacete ingresó en la Academia con la disertación ‘Bosquejo de pintura hablada’. Jordi Teixidor contestó al nuevo académico en nombre de la Corporación.

La elección de Albacete como académico de número por la sección de Pintura tuvo lugar el 9 de mayo de 2022. Su candidatura fue propuesta por el arquitecto Alberto Campo Baeza, el catedrático de estética Simón Marchán Fiz y el pintor Jordi Teixidor de Otto. En su intervención, Alfonso Albacete tuvo palabras de agradecimiento hacia los tres proponentes y de recuerdo hacia Carmen Laffón, Luis Feito y Luis García Ochoa, quien había ostentado previamente la medalla del nuevo académico.

En un elaborado ejercicio de reflexión, el pintor expuso en su discurso una secuencia de episodios referenciales que fueron trazando su trayectoria en la práctica de la pintura, desde su educación germinal en el paradigma del cuadro como espejo y después en la idea del cuadro enmarcado, “como simulacro fantástico de una ventana abierta al mundo”.

Durante su elocuente explicación de las etapas y aspectos que determinaron su formación, Alfonso Albacete desanduvo el camino recorrido para enfrentarse al “eterno reto, siempre perdido, de saltar el abismo insuperable que separa lo pensado de lo existente, o la mirada de la realidad física”. Los estudios que realizó de arquitectura y bellas artes favorecieron su aproximación a los cánones clásicos, a pesar de que los procesos de creación de ambas disciplinas se sustentaban en mecanismos inversos: en la pintura del natural se parte de la realidad para llegar a la imagen simbólica plasmada en el cuadro, mientras que en la proyección arquitectónica se arranca de la idea, que posteriormente queda materializada en resultados concretos. Su distanciamiento de la pintura natural estuvo condicionado por la proyección arquitectónica, la valoración del dibujo técnico, la elaboración de una conciencia espacial científica y el rigor de la búsqueda de una solución óptima a los llamados “programas de necesidades”.

La inicial concepción realista del cuadro se vio influenciada por la diversidad de soluciones e interpretaciones aportadas desde las vanguardias y por la singular situación política del país, que abocaba a los artistas a buscar enseñanzas autodidactas y extraoficiales.

La pintura es para Albacete “algo inevitable”, siendo más oportuno “centrar la atención no solo en las obras finales, sino en valorar el verdadero fenómeno artístico residente en el acto humano de pintar en sí mismo, en el acto artístico como un comportamiento extraordinario”. Desplazar la atención de las obras finales hacia el hecho artístico fue también subrayado por Jordi Teixidor en su discurso de contestación, analizando los interiores de Albacete como un espacio que permite entender el hecho de su pintura: “En los interiores de Albacete los detalles, los objetos, la apreciación de una fisicidad, nos hablan, por encima de la dimensión material de la obra, de un sentido que no es otro que el hecho pictórico”. Teixidor enfatizó esta idea en la parte final de su contestación: “El interior como tema ha sido para el artista un inquietante desafío, una manera de enfrentarse a la realidad alejándose de los sometimientos de la representación; un esfuerzo por ampliar los límites del cuadro”.

Albacete ensalzó la capacidad de la obra de arte de agitar miradas y crear pensamientos, independientemente de su origen. “Es precisamente esa capacidad de agitar miradas y cerebros extraños, e independizarse del ámbito de su nacimiento y navegar en mares de otras culturas para vivir vidas propias, donde creo que reside la auténtica prueba de valor de la obra de arte; contemplarla únicamente como simple documento histórico o como la narración de un hecho concreto sería anclarla en el tiempo y encadenarla a la vida y a la personalidad del autor que la produjo”.

Al reconocer la complicación de expresar con palabras los procesos artísticos, también asumió la distancia insalvable de la obra al mostrarse ante el espectador, por el hecho de ser fruto de un pensamiento ajeno, cuyo misterio dificulta el discernimiento de su verdad.

Alfonso Albacete (Málaga, 1950) recibió en Murcia las enseñanzas artísticas de Juan Bonafé, continuó sus estudios en el Círculo de Bellas Artes de Valencia y se licenció en arquitectura en la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Madrid, donde se doctoró en urbanismo, jardinería y paisaje, para dedicarse finalmente a la pintura.

Testigo de una época de búsqueda y renovación artística, la obra de Albacete se desarrolla entre la figuración y la abstracción. Su pintura posee una estética particular, caracterizada por un impactante cromatismo, deudor del expresionismo abstracto americano. La impronta de sus estudios de arquitectura se trasluce en sus composiciones de interiores y en la estructuración de sus obras. En su trayectoria artística es frecuente la temática de estudios, interiores y paisajes.

Alfonso Albacete ha expuesto en las principales galerías y museos de España desde la década de los setenta. Sus más recientes exposiciones fueron en la Galería Marlborough (Madrid, 2020), en la Fundación Lázaro Galdiano (Madrid, 2019) y en el Centro Andaluz de Arte Contemporáneo (Sevilla, 2018), con la antológica Las razones de la pintura.

En su faceta como gestor ha defendido los valores y el respeto hacia la profesión del artista y su papel en la sociedad, ejerciendo de presidente de la Fundación Arte y Derecho, miembro de la Junta del Círculo de Bellas Artes, miembro del Consejo de Administración de VEGAP y del Patronato Antonio Gala de Córdoba.

Sus obras forman parte de los fondos de importantes colecciones como las del Banco de España, Comunidad de Madrid, Senado, Helga de Alvear, Fundación La Caixa, así como del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, Museo de Arte Abstracto de Cuenca, Museo de Bellas Artes de Bilbao, Museo Patio Herreriano de Valladolid, Wurth de Alemania, Colección Dobe de Zúrich, White House de Washington o Colección Lambert de Bruselas.

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