Academia

La fotógrafa Isabel Muñoz ingresa en la Academia

29 de enero de 2023

La fotógrafa Isabel Muñoz pronunció su discurso de ingreso en la Academia titulado “Una antropología de los sentimientos”. En nombre de la corporación, el historiador de la fotografía Publio López Mondéjar contestó a la nueva académica. El acto se completó con dos piezas adaptadas al órgano por Daniel Oyarzábal, organista de la Orquesta Nacional: “El cant dels ocells” y el coro “Và pensiero” de la ópera “Nabucco”, de Giuseppe Verdi.

En su intervención Isabel Muñoz valoró la condición artística, testimonial, reflexiva y activista de la fotografía. Dedicó el galardón a todos los “compañeros que han entregado su vida a ese oficio, especialmente a las mujeres” y recordó a otros fotógrafos académicos como Alfonso Sánchez Portela, Juan Gyenes y Alberto Schommer, subrayando la aportación de éste a la creación de la actual colección de fotografía de la Academia, labor continuada por Publio López Mondéjar, a quien reconoció su dedicación. Hizo extensible el agradecimiento a su familia, amigos, mentores, maestros, filántropos, colaboradores… nombres imprescindibles en su trayectoria, como Richard Avedon, Chiristian Caujolle, Eduardo Momeñe, Alfonso Armada, Charo Tamayo, Adolfo Autric o Rafael Sierra, entre otros muchos referentes personales con los que fue trenzando las secuencias narrativas de un emotivo discurso.

Expuso la indisociable implicación de su trayectoria profesional con sus experiencias vitales en contextos geográficos y culturales de extraordinario impacto emocional, donde la fotografía devino en el medio para expresar sus emociones, sentimientos y dudas ante las múltiples expresiones de la condición humana. “Si algo tiene este oficio, es que la vida va impregnando tu mirada y aquello que fotografiamos nos desvela una verdad que también afecta a nuestra propia vida”.

A través de una meditada selección de imágenes transitó las sendas esenciales de su experiencia como fotógrafa, desde su pasión por la danza, la expresión del cuerpo o la emoción de la piel, al compromiso contra las injusticias sociales y las desigualdades económicas, la ambigüedad sexual, la alteridad o la pérdida de la noción de procedencia del sujeto, pero también, la lucha contra el cambio climático y la degradación del planeta. Con un estilo propio muy definido y una sutil belleza, sus fotografías aportan siempre un aliento de esperanza, pese a no eludir el riesgo de enfrentarse a las situaciones más desesperadas. “La fotografía es mi forma de expresar emociones, de interpretar lo que veo y de soñar en que mis imágenes puedan conmover a otros y quizá consigan que algo cambie”.

En la contestación al discurso, Publio López Modéjar resaltó el hecho de que Isabel Muñoz fuera la primera fotógrafa que ingresaba en la Academia, y no eludió, mediante un impactante oxímoron, reconocer que la corporación está constituida por “una inmensa minoría de mujeres frente a una insoportable mayoría de hombres”. López Mondéjar resaltó muchos hitos claves en la biografía artística de Isabel Muñoz, ensalzó su oficio, su excepcional dominio de las técnicas, su capacidad para compaginar las prácticas tradicionales (platino) con las tecnologías digitales, “sin dejar de investigar en soportes, papeles, emulsiones y procesos técnicos con los que nos transmite su fuerza, su pasión, su insaciable necesidad de contar historias”. Admiró “su capacidad para percibir y expresar la belleza con ese sello personal que la convierte en una fotógrafa original y perfectamente reconocible”.

Trabajadora, perfeccionista, creadora, fotógrafa excepcional, generosa y agradecida, terminó su discurso acudiendo a la profunda mirada de una gorila del Congo. Un bello giro al principio del tiempo, para ir abrazando el final. Con el preámbulo de la valiente cita metafórica “no eres nada; ahora entras triunfante, pero no debes olvidar que podrías haber entrado como vencido”, concluyó con una sentencia de humildad extrema: “no quisiera terminar este discurso sin recordar que tampoco nosotros somos nada”.

Isabel Muñoz (Barcelona, 1951) se estableció en los años setenta en Madrid, donde profesionalizó su afición por la fotografía. En Photocentro conoció a Ramón Mourelle y Eduardo Momeñe. Sus primeros trabajos fueron para publicidad y prensa, adentrándose en el mundo del cine de la mano de Tote Trenas, medio para el que realizó la fotofija de películas como Sal gorda y Penumbra.

Entre 1982 y 1986 viajó a Estados Unidos con la intención de profundizar y ampliar sus conocimientos fotográficos. Estudió en Visual Studios, aprendiendo diversas técnicas como el collage con John Wood y los cianotipos con Martha Madigan. Su afán por encontrar el soporte adecuado para reproducir la piel la llevó a continuar su formación con los platinos y el albumen, con maestros como Craig Stevens o Robert Steinberg. El International Center of Photography de Nueva York le abrió las puertas del gran formato.

De regreso a Madrid realizó la primera de múltiples exposiciones, Toques (1986), en el Instituto Francés. Desde principios de los noventa viajó por multitud de países elaborando series de gran formato en blanco y negro, e incluyendo el color en alguna de ellas. Su pasión por la danza la llevó a realizar trabajos en Cuba, Argentina, Burkina Faso, Mali, Egipto o Turquía. Colaboró con el Ballet de Víctor Ullate.

A Isabel Muñoz le interesan las distintas formas con que el ser humano se expresa mediante su cuerpo, ya sea con ritos tradicionales (Irán, Siria, Irak), artes marciales en el monasterio de Shaolín (Henan, China), capoeira en Brasil o tatuando su piel (Etiopía, Papúa Nueva Guinea o El Salvador).

En su evolución artística y vital se involucra en la defensa de los más desfavorecidos: mujeres, niños, inmigrantes, minorías… participando en proyectos como Nuestro pequeño mundo, exposiciones que muestran la situación de las mujeres del Congo o de los inmigrantes mexicanos que buscan cruzar la frontera hacia Estados Unidos. Isabel Muñoz, logra combinar en su obra la belleza y la denuncia social a favor de los derechos humanos y el medio ambiente. La libertad de la mirada con la que trabaja la convierte en cronista de realidades que no hay que dejar en el olvido.

En 2018 tuvo lugar la exposición retrospectiva La antropología de los sentimientos, recorrido temático de la representación del cuerpo humano desde los orígenes de la humanidad, pasando por conceptos e interpretaciones diversas.
Su incesante interés por los soportes e investigación fotográfica la lleva a emplear técnicas como la platinotipia –principalmente–, el vídeo o, en la actualidad, el papel de arena de conchas marinas impresionadas digitalmente. Con un impecable dominio del oficio, Isabel Muñoz conjuga artesanía y modernidad para poder contar historias al espectador, elaborando sus obras desde el sentimiento por medio de imágenes que poseen una gran carga humana.

Sus fotografías han participado en numerosas exposiciones temporales y forman parte de colecciones permanentes, como las de la Maison Européene de la Photographie (París), el New Museum of Contemporary Art (Nueva York), el Contemporary Arts Museum (Houston), Foto Colectania (Barcelona) o el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía (Madrid).

Su labor ha sido reconocida con prestigiosos premios nacionales e internacionales, destacando el World Press Photo (1999 y 2004), Premio Bartolomé Ros (2006), Premio PhotoEspaña (2009), Medalla de Oro al Mérito de las Bellas Artes (2009), Premio Nacional UNICEF España (2010) y Premio Nacional de Fotografía (2016).

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